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Ciudades 2005 /
Introducción En busca de la ciudad creativa
Santiago lidera por segundo
año nuestro ranking de ciudades. Sin embargo, las dimensiones
tradicionales de la competencia –costos, calidad de servicios y
clima de negocios– ya no son perdurables. Para destacar en la era
del conocimiento hay que innovar y fomentar la creatividad urbana.
Felipe Abarca
Zárate
Es la 1:45 de la madrugada y
el aeropuerto de Santiago de Chile está repleto. Aunque es
considerado el más moderno de América Latina, la salida del terminal
no se ve auspiciosa. Es sábado y los miles de santiaguinos que
comienzan su fin de semana pueden ser la peor noticia para un recién
aterrizado deseoso de llegar a un hotel. El taxi, como de costumbre,
toma el anillo vial Américo Vespucio que circunda gran parte de la
ciudad. Pero toma un nuevo rumbo: el vehículo se sumerge por un
túnel, y diez minutos después de transitar por una autopista
subterránea aparece en el sector oriente de la capital chilena.
Resultado: el viaje que tradicionalmente puede demorar una hora, no
supera los 15 minutos. El milagro es obra y gracia de la Costanera
Norte, una autopista recién inaugurada y que, paralela al río
Mapocho –a veces por un costado, a veces por debajo–, cruza la
ciudad de este a oeste.
Junto a otras tres
autopistas urbanas en construcción, además de una extensión del
metro y el Transantiago, el futuro plan de transporte de la ciudad,
la Costanera Norte es una evidencia de que Santiago va a otra
velocidad en cuanto a gestión urbana. Un logro que se refleja en la
metodología que utilizamos del Ranking de las Mejores Ciudades para
Hacer Negocios en América Latina, y que la pone por segundo año
consecutivo en el primer lugar. A diferencia de la gran mayoría de
las urbes latinoamericanas, y a pesar de duplicar su economía en los
últimos diez años, Santiago mantiene relativamente bajo control las
externalidades negativas del crecimiento, como la inseguridad y el
caos del transporte urbano regional.
Esto no sólo da a Santiago
el primer lugar de esta nueva edición del ranking. También la pone
en una posición preferencial en el horizonte de las multinacionales
que buscan establecer sus sedes de negocios para la región, uno de
los focos primordiales de nuestra metodología. Bien puede decirlo
Karen Poniachik, vicepresidenta del Comité de Inversiones
Extranjeras de Chile. Ella es el equivalente al gerente de marketing
internacional de Chile y ahora se encuentra dedicada a promocionar
la campaña "Chile: A strategic location for your
headquarter", y que está dirigida a las 500 mayores empresas de
EE.UU., y a corporaciones de Canadá, Europa y el Asia-Pacífico,
regiones a las cuales viaja regularmente, junto a comitivas
presidenciales y de negocios.
Aunque muchos estudios
independientes, como los de la consultora AT Kearney y el del banco
de inversiones suizo UBS, recomiendan a Chile como la mejor
ubicación para el headquarter de una empresa en la región, la
tarea de Poniachik es cada vez menos simple. Por un lado, ciudades
competidoras desarrollan estrategias con crecientes niveles de
sofisticación, incluyendo a veces campañas de marketing y publicidad
regional. Y no es sólo marketing. "Desde hace dos décadas en Chile
comenzamos a eliminar las restricciones a la inversión, pero para el
año 2000 la gran mayoría de los países ya había hecho lo mismo",
dice. "Las empresas ya no llegan solas; hay que ir a buscarlas, y
eso es lo que están haciendo todos en América Latina".
Por otro lado, los hábitos
de las empresas están cambiando. Hasta hace poco sólo pensaban en
encontrar la ubicación centralizada del headquarter bajo la
consigna del lugar óptimo: que maximice los beneficios (por ejemplo,
potencial de mercado, o acceso a capital humano de alto nivel), al
mínimo costo posible (en términos económicos, pero también en
calidad de vida). Pero hoy muchas firmas –especialmente, las
multinacionales– han flexibilizado sus procesos, para distribuirlos
en diversos países y ciudades. Así, una empresa puede tener
perfectamente sus procesos de recursos humanos en una ciudad, su
gestión financiera en otra, mientras su headquarter regional
puede ubicarse en otro lugar. ¿Ejemplos? Citibank tiene su división
antifraudes en São Paulo y Microsoft ubicó su departamento de
investigación en Buenos Aires. Pero ambas mantienen sus
headquarters en Fort Lauderdale, Florida.
El objetivo es concentrar el
talento ejecutivo en actividades que agreguen mayor valor a sus
compañías y tercerizar el resto, ya sea a unidades especializadas
dentro de la firma o a proveedores de servicios externos: el
outsourcing. Para ello cuentan con compañías como la división
de consultoría de IBM. "Estamos cambiando nuestro headquarter
regional de Miami a São Paulo y vamos a contratar a 2.400 personas
para prestar este tipo de servicios", dice Sergio Lozinsky, líder de
estrategia y cambio en IBM Business Consulting Services. Aunque IBM
también tiene dos importantes centros de servicios compartidos en
Argentina y Costa Rica, el esquema que ocupa para asesorar a sus
clientes se basa en la posibilidad de migrar servicios de un país a
otro. Así, dependiendo del cliente, cualquier país y ciudad
teóricamente puede ser una buena ubicación para IBM.
El problema es que las
ciudades de la región tratan de posicionarse en dimensiones que cada
vez valen menos. Miami, otrora sempiterna líder de nuestro ranking,
sigue empecinada en su estrategia de ser la capital del Área de
Libre Comercio de las Américas, ALCA.
A São Paulo y Ciudad de
México, en el tercer y sexto puesto del Ranking, no es posible
identificarles una estrategia competitiva deliberada, salvo la que
se deriva de su importancia como plataformas políticas de peso para
sus autoridades locales. Tal es el caso de José Serra, prefecto de
esta ciudad brasileña, y de Andrés Manuel López Obrador, jefe de
gobierno de la capital mexicana, quienes ponen esfuerzos en sus
regencias como medio para sus ambiciones
presidenciales. |
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Otras ciudades sufren
problemas que escapan de su control, y que se relacionan con el
clima general de negocios del país. Es el caso de las argentinas
Buenos Aires (10°), Rosario (18°) y Córdoba (20°). Su atractivo se
pierde cada vez que el gobierno central recurre a castigos con sus
inversionistas, ya sea a través de la quita de la deuda o con
medidas autoritarias como el boicot contra la petrolera Shell.
Similar es el caso caraqueño y el presidente Hugo Chávez, quien
incluso ha llegado a expropiar a algunas empresas.
Opuesto es el caso de las
colombianas Bogotá (13°) –que ya supera a Rio de Janeiro en el
Ranking–, Medellín (35°) y Cali (37°), las que pueden mostrar claros
logros a pesar del entorno de violencia nacional. Desde que el
presidente Álvaro Uribe llegó al poder en agosto de 2002, la tasa de
homicidios nacional cayó un 30% (a 20.000 homicidios al año) y los
secuestros, un 50%. Mala noticia para la industria de los autos
blindados, cuyo negocio cayó un 47% en 2004.
Lamentablemente, siempre va
a haber una ciudad que tenga una mano de obra o proveedores a
menores costos. Y los servicios –que pusieron en el mapa global del
outsourcing a ciudades como las de India– son cada vez más
commoditizables. Mala noticia. Moverse en estas dimensiones
del posicionamiento conlleva el riesgo de que tan rápido como una
empresa llega a la ciudad, se puede retirar en busca de factores
productivos más convenientes. Y es que ahora, la competitividad
urbana para blindarse frente a la volatilidad de la inversión y
sustentar la creación de riqueza en el largo plazo se basa en la
innovación. En la creatividad. O lo que los economistas llaman la
economía del conocimiento, y que ya desarrollaron ciudades como
Barcelona, Munich, Dublín, Singapur o Bangalore.
¿Cuáles son los factores que
determinan la innovación en América Latina? Poco se ha estudiado.
Aunque de experiencias e investigaciones en EE.UU. se extrapola que
una parte importante de la atracción y retención de los negocios
vinculados a la innovación se debe a la creación de las condiciones
propicias para la creatividad, como la diversidad, la apertura a
nuevas ideas y a planteamientos distintos. Éste es el entorno
cultural en el que se desarrolla la llamada "clase creativa" y los
"trabajadores del conocimiento", términos acuñados por los
profesores Richard Florida, de la Universidad de Carnegie Mellon, y
Peter Drucker. En su libro The Rise of the Creative Class,
Florida demuestra una correlación significativa entre la creación de
empresas en los sectores de mayor innovación tecnológica, como
biotecnología, y el desarrollo de intangibles de ciudad, como la
calidad de la oferta cultural, del entretenimiento y la tolerancia a
la diversidad. Estas variables crean un verdadero ecosistema
creativo que fomenta la innovación y atrae a programadores,
diseñadores, consultores y otros profesionales.
Aunque ninguna ciudad
latinoamericana se ha propuesto seriamente alcanzar este nuevo
estándar de competitividad urbana, São Paulo muestra ser un
adelantado: la ciudad tiene el polo de innovación más desarrollado
de la región, lo que es consecuente con la mayor tolerancia y
diversidad sexual y racial que demuestra la ciudad según nuestra
encuesta a ejecutivos. Como muestra la historia principal de este
Especial (ver pág. 40), la oferta cultural y de
entretenimiento de Sampa es un correlato perfectamente lógico
con el desarrollo de negocios innovadores. Es, a la vez, también la
posible piedra de toque de Santiago. La reluciente ciudad chilena
saca malas notas justamente en temas de tolerancia, apertura a lo
nuevo. Y sus intentos de ser una economía tecnológica desaparecen
con cada alza del precio del cobre.
En el norte de México,
Monterrey quiere dejar de lado la maquila y los servicios para
convertirse en una "ciudad del conocimiento" (ver pág. 46).
Tiene el apoyo de todos para conseguirlo: del estado de Nuevo León,
con la promoción de su gobernador José Natividad González, el sector
privado y sus universidades. Sin embargo, nada se dice del cambio
cultural requerido para hacerlo.
Y es que no basta con
proponérselo. "Los valores sociales deben estar en los cimientos de
todo el cambio", dice el español Alfonso Martínez, director de
Metrópoli-30, la asociación público-privada encargada de gestionar
la visión y la misión de Bilbao, una de las ciudades que han vivido
un profundo proceso de transformación productiva y cultural. La
ciudad vasca pasó de un foco industrial al de economía de servicios,
cambio que quiere complementar con negocios vinculados a la
informática y las biociencias. "Si una ciudad se transforma
físicamente, pero las personas que trabajan y viven en ella no son
capaces de adaptarse a esos cambios, estamos ante un fracaso, pues
no podrán aprovechar las nuevas oportunidades que surgen de esta
nueva realidad", dice. Para eso, Metrópoli-30 ha desarrollado un
verdadero plan de gestión de la cultura urbana, usando programas
sociales y educativos con el obetivo de consolidar cinco grupos de
valores entre sus ciudadanos: innovación, profesionalidad,
comunidad, identidad y apertura.
Martínez dice que por la
debilidad democrática de América Latina aún es difícil pensar en el
desarrollo de este tipo de ciudades competitivas. "Los
headquarters de las empresas están formados por personas de
gran capacidad intelectual, que desean desarrollar sus vidas y las
de sus familias en entornos de mucha calidad de vida",
dice.
¿Qué hacer para subir en el ranking? Cada ciudad tiene
proyectos emblemáticos. Mientras Ciudad de México embellece su
centro histórico y São Paulo trata de sanear la cloaca que es el rio
Tieté, ambas ciudades tratan de mejorar el clima de negocios,
estabilizar sus reglas del juego. Incluso puede que el ambiente de
negocios mejore en Venezuela y Argentina. Pero con esas metas
exclusivas pueden quedar rezagados. En una economía global del
conocimiento, las ciudades deben dar tanta importancia a la
tolerancia a lo distinto y a la creatividad, como no perder la mitad
del día en embotellamientos o no ser secuestrado en un viaje al
trabajo.
Baje el Ranking de Ciudades 2005, en
PDF Baje la Encuesta de Ciudades 2005, en
PDF Metodología
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