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Hace unos 50 años el núcleo de la capacidad productiva de los Estados Unidos se localizaba en sus principales ciudades. La América urbana era un imán para empleos y empresas, y conoció un crecimiento que nunca antes se había dado en la producción de bienes y servicios en sus fábricas, oficinas, y almacenes. Pero en las ciudades más antiguas, particularmente en el corazón industrial del noreste y medio-oeste, este foco económico comenzó a cambiar con la gran ola de suburbanización que sacudió EE.UU. a principios de los 50. Los veteranos de la II Guerra Mundial que regresaban, junto con sus familias, se apresuraron a desplazarse a los suburbios para comprar viviendas unifamiliares, y la industria y el comercio se trasladaron tras ellos. Estas ciudades antiguas fueron incapaces de expandir sus límites anexando los territorios suburbanos, y vieron disminuir su población y su empleo, al tiempo que fábricas, tiendas y viviendas quedaban abandonadas. Mientras tanto se construían, a kilómetros de los límites de la ciudad, autopistas, centros comerciales, oficinas, parques industriales y centros residenciales.
A principios de los 60 los expertos comenzaron a hablar de “la crisis urbana”, con importantes minorías afrontando crecientes niveles de desempleo y pobreza en los barrios urbanos, lejos de las zonas donde el empleo estaba creciendo. Esta nueva situación permaneció en severo contraste con la antigua América urbana, puerto de llegada de las oportunidades económicas, donde millones de trabajadores nativos e inmigrantes se empleaban en grandes fábricas y en pequeñas empresas, adquiriendo las capacitaciones básicas para desempeñar sus tareas en el propio trabajo, al tiempo que conseguían un mejor modo de vida para ellos y sus familias. La falta de oportunidades de empleo para numerosos inmigrantes recién llegados desde el sur rural y desde países extranjeros alimentó el polvorín de la discriminación racial, desembocando en los disturbios raciales de finales de los 60, que más tarde aceleraron la huida de la América urbana de las familias de clase media y las empresas prósperas.
Algunas ciudades combatieron estas tendencias con la anexión de las zonas suburbanas, consolidando la unión entre la ciudad y el condado, como es el caso de Jacksonville, Miami, Nashville, Columbus, Indianapolis, San Antonio, Phoenix y San Jose. Pero incluso las ciudades con rápido crecimiento de sus “cinturones”, tuvieron que afrontar la descentralización económica de los 70 y 80, que hizo perder a las ciudades centrales parte de su protagonismo al tiempo que las empresas reestructuraban sus organizaciones, reducían su plantilla y trasladaban sus actividades por todo el mundo, en un mercado con creciente movilidad y competencia global. En los 80 se generalizan los cambios económicos y sociales que provocan en las ciudades importantes transformaciones e iniciativas dirigidas a la prosperidad y mejora de la calidad de vida, mediante la atracción y mantenimiento de empresas, la lucha contra el crimen y las drogas, expansión del sector inmobiliario, mejora de los transportes y los servicios, mantenimiento de servicios educativos y sanitarios de calidad, así como el fomento de la participación cívica y el orgullo comunitario.
La buen noticia actual es que mientras que estos notables cambios se mantienen, está teniendo lugar un importante progreso en todos los frentes. El cambio económico ha creado una nueva economía metropolitana en la que las ciudades juegan un papel esencial en aspectos clave como en la industria y los servicios, la investigación y la educación, el transporte y el comercio. Asimismo, la Administración, las empresas y los líderes sociales están trabajando para realzar los activos culturales de sus ciudades como centros de recreo, deportes, ocio y turismo. Y estos cambios e inversiones económicas no se están realizando únicamente para mejorar el aspecto físico de los centros urbanos y los waterfronts; se están sucendiendo en los barrios más deprimidos, donde la participación público-privada y las organizaciones ciudadanas están construyendo nuevas viviendas, tiendas, clínicas, centros de formación laboral y nuevas empresas. En resumen: vuelven las ciudades. Los signos y las tendencias son positivos, pues la población, los empleos y la seguridad ciudadana han regresado a las ciudades americanas..
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