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La comunidad cree que las personas con discapacidad no tienen ninguna habilidad que les permita ganarse la vida por sí solos, pero pese a su discapacidad son seres capaces y útiles y están deseosos que se les brinde una oportunidad para desarrollar cuantas habilidades poseen. Cualquier esfuerzo de un discapacitado no sirve de nada si no va acompañado de una cultura de la aceptación. En el Bilbao Metropolitano, de las más de 30.000 personas discapacitadas registradas en Bizkaia, el 71,3% se encuentra en edad de trabajar. Sin embargo, y a pesar de que cuatro de cada cinco gozan de plena autonomía personal, sólo un 11,3% del total del colectivo cuenta con un puesto de trabajo. En el conjunto de la Unión Europea, entre el 45 y el 65% de personas discapacitadas se encuentran en edad de trabajar. De ellos, cerca del 5% se consideran “gravemente discapacitadas” y el 12% “discapacitadas parcialmente”. Aproximadamente la mitad, pertenecen a edades comprendidas entre los 50 y los 64 años, mientras que sólo el 8% tienen menos de 25 años. En cuanto a los sectores de actividad, en relación con las personas no discapacitadas, un número desproporcionado de hombres y mujeres gravemente discapacitados trabajaban en 1994 en la Unión Europea en la agricultura, la construcción, y los trabajos públicos y, en menor medida, en los servicios de la salud, servicios personales y otros. En cambio, un número muy restringido trabajaba en la industria manufacturera y, en menor medida, en la distribución, servicios a empresas, el sector financiero y la educación. En el caso de las mujeres, la diferencias en la estructura del empleo sectorial es comparativamente más débil. Asimismo, un número proporcionalmente menor de personas discapacitadas en edad de trabajar que no discapacitadas tiene diplomas universitarios o equivalentes. Esto se verifica tanto para los hombres como para las mujeres y en la mayor parte de los Estados miembros de la UE. En cambio, la proporción de hombres y mujeres discapacitados en posesión de diploma de segundo ciclo de enseñanza secundaria estaba muy próxima a aquellas personas no discapacitadas en la mayor parte de los países europeos. Para las personas discapacitadas que ocupan un puesto de trabajo, la discriminación se manifiesta menos en términos de remuneración que en términos de puestos y sectores. De todas formas, el principal signo de discriminación y de exclusión reside en la imposibilidad de encontrar un empleo, sobre todo en países donde la cobertura social y el ascenso de prestaciones no son suficientes. La ley 13/82 sobre “Integración Social de los Minusválidos” (LISMI) establece que las empresas con un número de trabajadores fijos superior a 50 personas deben emplear a un número de discapacitados no inferior al 2% de la plantilla. Sin embargo, en la práctica esta ley no se aplica en muchos casos, comenzando por la propia Administración. En Europa han surgido movimientos de personas discapacitadas, creando organizaciones y exigiendo una participación de los discapacitados en la formación y puesta en práctica de la política que les concierne. Este movimiento de personas discapacitadas estima que la incapacidad no proviene de deficiencias del nivel físico o mental, sino de actividades sociales y de comportamientos institucionales. La tecnología no es
sólo un valor añadido para la empresa, una ventaja competitiva
de primer orden, también una oportunidad para el empleo de determinados
grupos sociales con dificultades de acceso al mercado de trabajo. Así,
el desarrollo de técnicas y procesos expertos que faciliten el aprendizaje,
la formación y el trabajo sitúan a Administraciones, empresas
y los propios discapacitados ante nuevas perspectivas de integración.
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Necesidad
de fomentar la empleabilidad de los desfavorecidos
La inserción laboral es, en muchos casos, la última fase de un itinerario de recuperación social de personas excluidas, cuyas fases iniciales responden a la cobertura de carencias básicas y, las finales, al diseño de un proyecto personal de empleo. Así, el esfuerzo debe realizarse en fomentar la empleabilidad, entendida como la capacidad de una persona para adaptarse a la oferta de empleo, así como al desarrollo de actitudes, intereses, motivaciones, conocimientos, formación y aptitudes que le posicionan favorablemente en el mercado de trabajo.Un problema especialmente preocupante y al que se debería prestar mayor atención es el del desempleo juvenil, especialmente en los casos en los que agotado el patrimonio familiar, se plantean severos problemas económicos en el seno de la familia. Además, un hecho que se constata es que a pesar de la mejora de la coyuntura económica, no se perciben avances en la integración laboral de los colectivos marginados.
Dado que la acción social para personas sin hogar en el Bilbao Metropolitano se ha centrado hasta la fecha en los individuos de mayor edad, el crecimiento del colectivo de jóvenes sin hogar plantea la necesidad de ofrecerles itinerarios personalizados de integración social.
La nueva Ley Vasca del Voluntariado, aprobada en junio de 1998, reconoce el papel de la sociedad civil, establece las bases sobre las que ha de regirse y sentencia que el papel del voluntariado debe ser la contribución en clave de innovación y en colaboración con otros agentes sociales, al diseño, desarrollo y ejecución de políticas públicas tendentes a garantizar el cambio social, teniendo como horizontes prioritarios la lucha contra la pobreza y las desigualdades y la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.Todas las medidas que se adopten para potenciar el voluntariado organizado deberán fomentar el voluntariado transformador frente al voluntariado asistencial, primándose las acciones que propagan la colaboración entre distintas organizaciones, superando el trabajo sectorial y vinculando las iniciativas al territorio o municipio en que se llevan a cabo.
Recientes estudios avalan la aparición de nuevos perfiles de exclusión social asociados a las drogodependencias. Además del adicto a la heroína, a menudo relacionado con actividades delictivas y con graves problemas de integración social, existen otros tipos de adictos no tan fácilmente reconocibles. Es el caso de un tipo de toxicómano, consumidor preferentemente de drogas de diseño, con familia y trabajo remunerado, cuya dependencia deriva muchas veces en graves problemas familiares, laborales y sociales.Una circunstancia que se repite entre las personas con adicciones que recurren a organizaciones especializadas para superar sus problemas es el bajo nivel académico y el abandono anticipado de los estudios. Se evidencia, por tanto, la necesidad asegurar niveles formativos básicos entre las personas con riesgo de exclusión, al tiempo que se promueven conductas de ocio más saludables.
El Ararteko señala la necesidad crear las infraestructuras necesarias para que se puedan ejecutar las sanciones alternativas a la prisión previstas en el nuevo Código Penal. Estas evitarían el aislamiento social que la privación de libertad supone en los casos de delitos poco graves, para lo cual se deben fomentar figuras como el trabajo en beneficio de la comunidad.
Unos 15.000 niños y adolescentes vizcaínos sufren graves carencias sanitarias, se enfrentan a problemas escolares y sus familias viven en conflicto permanente. El 75% de estos menores vive en Bilbao y la Margen Izquierda de la Ría. Se constata, además, que el 20% de estos menores no está escolarizado, mientras que la escuela es el instrumento más eficaz para la detección precoz de situaciones de riesgo.Las instituciones deberán promover la sensibilización social mediante campañas que permitan informar y concienciar, tanto a los propios niños, niñas y adolescentes como a la población en general y a sectores profesionales relacionados con este colectivo, de la necesidad de respetar y defender los derechos de la infancia y la adolescencia.
El Plan Estratégico de Revitalización destaca la necesidad de articular mecanismos para el aprendizaje de idiomas y la capacitación, tanto laboral como social, para inmigrantes y refugiados, como medio de favorecer la integración laboral y el desenvolvimiento en la vida cotidiana, así como el establecimiento de relaciones sociales con las personas del entorno.Resulta fundamental la escolarización de los menores inmigrantes, así como el desarrollo de programas específicos dirigidos total o parcialmente a este colectivo en los que se desarrolle una educación compensatoria, al tiempo que se presta atención al mantenimiento de la cultura de origen.
La actual implantación del servicio de asistencia domiciliaria está lejos de los objetivos que prevé el Plan Gerontológico de la CAPV (6% de la población mayor de 65 años). El incremento del índice de cobertura deberá alcanzarse sin reducir la intensidad media, ajustándola en cada caso al grado de dependencia y evitando, por tanto, el recurso a una prestación estándar.El Plan Estratégico de Revitalización recomienda crear una red de actividades culturales y recreativas para que las personas mayores cubran su tiempo de ocio, amplíen sus relaciones sociales y mejoren, en general su calidad de vida. En este sentido, la Universidad de Mayores representa un proyecto piloto que, gracias a la colaboración de la Universidad del País Vasco y la BBK, proporcionará a los bilbaínos mayores de 55 años una formación universitaria especialmente diseñada para cubrir las demandas formativas de este colectivo.
Cobertura de los servicios de atención a los mayores en la CAPV
Bilbao se percibe por sus ciudadanos como una ciudad igual de individualista que otras grandes urbes (el 54% de los encuestados así lo ha estimado), aunque en mayor medida que en el anterior estudio de percepción, pues mientras que en 1997 un 15% creía que Bilbao es más individualista, en 1998 este porcentaje se eleva hasta el 23%.A diez años vista la mayoría de los entrevistados considera que la pobreza y la marginación se mantendrán en niveles similares, aunque el optimismo es muy superior en 1998 frente a 1997 (en 1997 el 19% de los encuestados opinaba que esa situación mejoraría, porcentaje que se ha elevado hasta el 37% en 1998).
Percepción del futuro de la pobreza y marginación en el Bilbao Metropolitano
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