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El 11 de noviembre de 1995
se ponía en funcionamiento el metro de Bilbao. Se iniciaba un nuevo
servicio de transporte público que se había planteado los
siguientes objetivos fundamentales:
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| Un metro para una ciudad en renovación | |
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El área metropolitana
de Bilbao cuenta con un millón de habitantes.
En esta comarca reside el 78% de la población de Bizkaia y el 43% de la Comunidad Autónoma Vasca. El núcleo central lo constituye la ciudad de Bilbao, con una población cercana a los 400.000 habitantes. En Bilbao se ubican los servicios básicos de carácter supramunicipal, lo que significa, en términos de movilidad, que más de dos tercios de los viajes que se realizan en la comarca tienen su origen o destino en Bilbao. En el momento de la puesta
en servicio de Metro Bilbao, en el área metropolitana se realizaban
en torno a los 1.150.000 viajes motorizados diarios, de los cuales sólo
500.000 se llevaban a cabo en transportes públicos. El resultado
era la saturación de las vías rodadas provocando, además
de la congestión de tráfico, un consumo energético
elevado y altos índices de contaminación.
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| El metro como solución | |
| La construcción
del metro aparecía como la solución más rentable socialmente
para conseguir la transformación del trafico en el área metropolitana
de Bilbao. El metro cumplía los objetivos propuestos: transporte
masivo de pasajeros, comodidad, fiabilidad, seguridad e independencia del
resto de los medios de transporte, al no competir con ellos en los mismos
espacios urbanos.
El metro podía convertirse, además, en el eje vertebrador del transporte público, como coordinador de todos los medios de transporte que dan servicio al área metropolitana. Porque los sistemas de transporte público deben ser complementarios y con un adecuado grado de conexión. El proyecto del metro pretendía, como es lógico, conseguir el mejor aprovechamiento del transporte:
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| La obra del metro | |
| Desde el principio
de la gestación del proyecto, se prestó una especial atención
al diseño y arquitectura de las estaciones. Esta especial atención
no quedaba en lo puramente estético, sino que hacía referencia
a la funcionalidad y al bienestar de los viajeros.
Se encargó el equipo de Sir Norman Foster la definición de las estaciones subterráneas en caverna del metro de Bilbao. Además de las ideas de originalidad, sencillez y eficacia que están presentes en toda obra de Foster, hay una idea matriz que ha determinado muy positivamente la obra del metro de Bilbao: la integración de la arquitectura y la ingeniería, que es singularmente patente en los amplios espacios que se han creado. |
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Podemos distinguir tres
aspectos de la obra de Foster en el diseño de estaciones del metro
de Bilbao:
Una caverna de 160 metros cuadrados de sección transversal donde se sitúan los viales y los andenes y las entreplantas de distribución. Las pasarelas de distribución en las que se desarrollan los vestíbulos que reciben y proyectan las escaleras de acceso a la calle y a los andenes. Los vestíbulos y las mezzaninas cuelgan del techo de la propia estación. El resultado es de gran belleza y funcionalidad. La arquitectura de calle, cuya realización más singular son los “fosterritos”. Las estaciones así
concebidas ofrecen un gran espacio, con una visión amplísima,
donde el viajero no se siente atrapado y donde encuentra, inmediatos, todos
los servicios que necesita.
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BILBAO METROPOLITANO